El 15 de mayo de 2019 tuve el honor de visitar al entonces Obispo de Chiclayo, Robert Prevost Martínez, encuentro que hoy cobra un significado profundamente especial tras su designación como Su Santidad, el Papa León XIV. Aquella visita quedó marcada no solo por la cercanía y sencillez de su trato, sino por la profundidad humana y espiritual que siempre lo ha caracterizado. En ese momento expresé —y hoy reafirmo con mayor convicción— que siempre será una bendición compartir espacios con una autoridad eclesiástica que supo guiar a Lambayeque con sabiduría, humildad y vocación de servicio. Valoro profundamente sus consejos y las conversaciones enriquecedoras que, en cada oportunidad, abordaban no solo temas de fe, sino también aspectos sociales, humanos y de responsabilidad con la comunidad. Este recuerdo adquiere hoy una dimensión histórica y espiritual mayor. Su camino pastoral, marcado por la coherencia, el diálogo y el ejemplo, se proyecta ahora al mundo entero, recordándonos que el liderazgo auténtico se construye desde la cercanía, la escucha y el servicio desinteresado.